Hachas de piedra. Por Ildefonso Díaz.

Herramientas del Neolítico
Steve Jobs (1955-2011), nos ha dado el iPhone, el logro informático más sorprendente e inimaginable. <<Hace 1.7 millones de años el Homo erectus ya fabricaba hachas de piedra con filo, –han sido encontradas en el yacimiento Kokiselei, al oeste del lago Turkana (en Kenia)–. El Homo erectus también llamado Homo ergaster, se extendió por Eurasia y África y desapareció hace 70.000 años, o sea que anduvo por nuestra Tierra 1.630.000 años. Para entonces, ya había otros humanos en el planeta (Homo sapiens, neandertales, denisovanos y floresiensis), algunos con utensilios mucho mas avanzados.
- El periodo Achelense, caracterizado por la utilización de hachas de piedra, ocupa una cronología desde hace 1.5 millones de años a 150.000 años, casi todo el Pleistoceno. Toma el nombre de St. Acheul, Francia.
- El objeto de madera más antiguo que se conoce es una punta de lanza, encontrada en depósitos turbosos en Clacton, al este de Inglaterra en 1911. Probablemente tiene más de 300.000 años.
- Hay restos de fuego hecho por el Homo erectus hace 1.5 millones de años en Karzi y Chesowanja en África, 1.3 millones en Yuanmou, China y hace 500.000 años en L’Escale, Terra Amata y Véstesszöllös, en Europa.
- Hace 12.000 años habitábamos la Tierra 10 millones de hombres, 100% cazadores y recolectores; en 1.500 D.C., la época del descubrimiento de América, la población mundial era de 350 millones el 1% cazadores recolectores, en 1982 la población mundial era de 4.000 millones y menos del 0.001% cazadores recolectores.
En un sentido amplio, cultura quiere decir toda la información aprendida que se transmite de generación en generación, en oposición al conocimiento instintivo.
La civilización, una forma de vida específica de la especie humana, sólo se ha alcanzado después de largas épocas de desarrollo cultural durante los millones de años de la Edad de Piedra. [...] La civilización, una forma de vida específica de la especie humana, sólo se ha alcanzado después de largas épocas de desarrollo cultural durante los millones de años de la Edad de Piedra.
La civilización representa el auge de la realización cultural. La palabra civilización se utiliza de muchas maneras, pero esencialmente implica una forma de existencia humana bien organizada y ordenada. Las ciudades y los estados son evidentemente la plasmación de la civilización, aunque hay muchas personas civilizadas que no viven en ciudades y que tienen poco que ver con el Estado. Hoy en día, la mayor parte de las personas no viven en ciudades, y muchas de ellas que son analfabetos, tienen su vida tan bien organizada y es tan gratificante como en las ciudades, se puede ver que la civilización no está restringida al marco urbano.
[...] Vincent Gordon Childe (1892-1957), uno de los pensadores arqueólogos más estimulantes y polémicos de su generación, vio que aunque la tecnología y la economía fuesen importantes en el nacimiento de la civilización, el aspecto más vital a estudiar era toda la evolución de la sociedad. [...] Childe fue capaz de señalar algunas de las características principales que normalmente se encuentran en sociedades consideradas civilizadas.
Como regla general, estarían presentes el urbanismo y la escritura, pero también se daría, por ejemplo, la especialización del trabajo: no habría solamente productores primarios, como campesinos y pescadores, sino también artesanos profesionales, como carpinteros o herreros y, en una escala más elevada, mercaderes, funcionarios, sacerdotes y dirigentes. En tales sociedades, el poder económico y social está canalizado, y encontramos instituciones y esta dos. Se impondrían regulaciones, como leyes y normas de conducta, y medidas de peso, espacio y tiempo. [...] La idea de Childe es todavía útil. Su esencia no reside principalmente en objetos tangibles sino en una multitud de formas de hacer las cosas, todas ellas interrelacionadas, en una sociedad viva. [...] Nada de esto se podría alcanzar satisfactoriamente si no tuviésemos el lenguaje para comunicarnos o la tecnología para imponer nuestra voluntad en el mundo.
[...] Para la mayoría de nosotros el ideal de civilización incluye un sentido humano de la vida. A veces esto se consigue en sociedades que formalmente no son civilizadas otras, tristemente, falta en aquellas que lo son .>> [1]
Que podamos fácilmente poseer un iPhone, no quita importancia al abandono y desprecio a que se ha llegado de las artes humanistas, transmitidas durante siglos desde el final del medievo por los gremios artesanales y las academias y universidades. Hoy sólo pensamos en la velocidad de los transportes para viajar o visitar, todo está contaminado de ruidos, luces y humos. ¡Hasta los bosques!
Y nadie se recuerda de cuando se iba a Gibraltar andando a por tabaco, o llevando las caballerías cargadas con melones, tomates, brevas y otras frutas desde Estepona al mercado de La Línea de la Concepción. Las herraduras, los jatos, las banastas, los capachos, las cinchas y sogas, los botillos, todo el ajuar de labor: arados, azadas, hoces, hachas, etc. salía de las manos de los maestros fragüeros, talabarteros, capacheros, zapateros, hileros y hasta el cuerno para la sal, el aceite o la pólvora, que se llevaba en las capachas y zurrones de palma con el costo; también los botijos y cántaros para el agua eran producidos por artesanos de Estepona. ¡Herederos de la tradición artesana!
Las reparaciones y remiendos se realizaban por los mismos usuarios de los objetos. A ver quién es capaz de reparar en casa un iPhone. ¡Ni siquiera se puede imaginar como se ha logrado hacer el cristal mágico! Antes solo había que tener buena mano.
A los maestros artesanos los motivaba siempre la finura de los genios del arte, principalmente pintores, escultores y músicos, a los que consideraban sabios. Hoy estudiar dibujo y ciencia, está considerado una pérdida de tiempo. Sólo tienen atención las labores informáticas, y los mecanismos de control social y deportivos. El individuo no tiene forma de aislarse para meditar y estar tranquilo.
Y esta falta de orientación humanista de los estudios, a pesar de la magnífica y numerosa producción de textos ilustrados, nos lleva a olvidar la génesis de las palabras de nuestra propia lengua, que viene desde los orígenes humanos. Sin ellas no hubiera sido posible el trabajo de Steve Jobs.
Y pensar que esto lo escribo para ser publicado en un iPhone. No hay otra vía.
[1] Fte. John Cowlett, Arqueología de las primeras culturas, Ed, Folio. p 6-9 y otras

