Mi chevalier servant

Paula Puerta
He estado pensando en todos esos manuales que se apilan en los estantes de mi casa y de la de mis amigas. Supongo que son títulos que se repiten con más asiduidad de lo que cualquiera podría pensar en las bibliotecas de las mujeres de más de 35 años, solteras, separadas o en misión de rehacer sus vidas. Manuales de amor, desamor, para recuperar a los ex, para perderlos de vista, para ser felices, para desengancharse de la adicción a la infelicidad y así hasta componer el paisaje perfecto para cualquier ácaro de polvo en busca de hogar.
Aunque muchos no puedan creerlo, a veces dejo de hablar de política, de Diego el Cigala, del Titi o de los mamarrachos funambulistas esos que me gustan tanto con pantalones pitillos de miles de coloritos. Dejo de hacerlo por salud y no porque así me lo haya recomendado Coelho o mi terapeuta que de momento no tengo. Dejo de hacerlo, especialmente con uno de mis amigos; mi conversador favorito que es capaz de pasar de hablar de las nóminas del ayuntamiento a convertirse en el más extravagante chervalier servant. Una expresión que me hace especialmente gracia porque ni yo misma de no ser por él, sabría lo que significa.
El día que escuche esa expresión la primera vez pensé que la traducción sería algo así como un pañuelo de lágrimas, hasta que googleando descubrí ni más ni menos que ésto: “El chevalier servant actual es un hombre entre los 55 y los 70. Salen con mujeres o se emparejan con alguna y se convierten, de inmediato, en lo que la expresión francesa significa: la atienden, la llevan a cenar, al cine, al teatro, al concierto, viajan con ella, se ocupan de sus obras o de los problemas de fontanería si no viven con ella, resuelven todos los problemas y no exigen nada a cambio, ni siquiera sexo”.
En definitiva, hoy quiero, y de hecho lo haré, tirar todos esos libros de autoayuda que de nada sirven, quiero mandar un enorme beso a mi chervalier servant favorito, que ni tiene 55 años ni se ha emparejado con nadie por esas cuestiones antes relatadas, pero que en definitiva me escucha, me aconseja, maldice a los que sin nisiquiera llevar a cenar a las chicas más interesante consiguen sexo con ellas y en definitiva me regala su tiempo.
Hoy quiero darte las gracias por esa frase tan tuya que dice: ama, disfrura y si se acaba…enamórate de nuevo. Lo que siempre fue interpretado por mí como la necesidad de simplificar los aspectos de la vida, que hay que vivirla tal y como se presenta, sin adelantarse a las cosas, sin sufrir por lo que no ha pasado y con la intención de querer vivirla como si fuera todo la primera vez de las cosas.
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Me ha encantado, por favor espero que siguas escribiendo de esta forma tan brillante y con tanto sentimiento.
No se quien será la persona que habla en estos términos,, pero desde luego es un gran hombre y tu una gran escritora.