Por tí… Por mí…Por nosotras: Hasta pronto Marga García

Paula Puerta
¿Qué te puedo decir yo, Marga García? Cuando a estas alturas está casi todo dicho, pese a que los que te conocíamos bien sabíamos que no te habría gustado nada. Espero que sepas perdonárnoslo, de la misma manera que los que te queríamos tratamos de entender cómo es que te has ido sin despedirte. Seguramente tampoco habrás estado de acuerdo en este viaje repentino y sin permiso.
Esta semana te he visto en todas esas despedidas emocionadas de quienes han formado parte de tu vida, cuando paradójicamente me consta que tuviste que hacer un esfuerzo titánico para aprender a vivir con tu compañero de piso de últimamente: la soledad. Una combinación extraña esa: la de sentirse sólo en medio de un tumulto de gente.
Quisiera decirte que espero que te gusten mis líneas donde quiera que estés, pero también sé que no esperabas nada después de esta vida. Por una vez quiero que no tengas razón. Bueno, para ser sincera, no es la primera vez… Han sido muchas las que he querido que no la tuvieras. Si tuviera que describirte, no hablaría de periodista de raza, que lo eres, no hablaría de tu lucha encarnizada en busca de la verdad, aunque fuera la tuya. Hablaría de tu olor; el aroma que sólo tienen las madres. De tu calor, el que me diste. De ese lado tan tierno, acompañado de tu pausada conversación; la que da la vida, sin más. La que sólo entonan aquellos que son como tú. Los que están hechos sólo de piel y de sangre.
Quiero decirte muchas cosas; quisiera decirte que nunca habría querido escribir este texto. Que me encantaría dar marcha atrás en el tiempo hasta conseguir que las manillas de nuestros relojes volvieran a octubre de 2010. A ese Peugeot gris metalizado. A esas dos de la tarde de un día nublado en San Pedro. Quisiera que Mercedes Periáñez nos estuviera volviendo locas cuando fuimos a recogerla. Quisiera ver que estamos iniciando el primer kilómetro de ese viaje.
Un viaje que nos llevó a Aranjuez de puro milagro. Si por ti hubiera sido, habríamos llegado a Valencia a recoger las Antenas de Oro. Quisiera poner el tiempo justo antes de esa campaña que tanto disfrutamos y tanto nos terminó enfrentado. Porque tú eras como eras y yo soy como soy. Como tu dirías, dos tigres llenos de rayas. ¡Pero qué bien nos sentaban Marga!
Hoy, aunque con el pie cambiado, porque de nuevo llego tarde, te pido perdón. Sólo por una cosa. Por no haber sido capaz de reconocer mis equivocaciones, dejando que fueras tú, en un acto de generosidad tan tuyo, quien lo hiciera. Y ya que estoy con ese paso cambiado, aprovecho para darte las gracias por tratarme a tu altura, cuando las dos sabíamos que para llegar hasta tí aún me quedaba mucho por andar, muchas informaciones por escribir, un millón de éxitos, algún fracaso que otro, miles de amigos y millones de enemigos.
Cierro los ojos para poder ver tu cara mientras te ríes, tus manos huesudas mientras hablas, elijo un lugar bonito, brindo por ti, por mí, por las dos, por la vida; mientras, te prometo seguir escribiendo, seguir informando y dar gracias a Dios, en mi caso, por tener la fortuna de poder seguir haciéndolo. Veo tus ojos, oscuros, profundos. Y tu sonrisa. Hasta pronto Marga García.






