Grado en opinología

R.C. Ciarra
Debería ser una de las nuevas titulaciones estas que ha puesto en marcha el famoso Plan Bolonia: lo afirmo con total seguridad. Los españolitos (y españolitas, y no lo digo por corrección política sino porque es patrimonio de ambos géneros) tendemos a ser auténticos opinólogos de cualquier cosa… Lo que cambian son las especialidades, en función de la coyuntura patria.
Con esto de la crisis, todos y todas somos licenciados en Económicas. Tomaba café en una céntrica cafetería de la localidad y, albricias, dos caballeros de una edad provecta, hablaban con toda la seriedad del mundo de la prima de riegos, pontificando sobre la misma cuando puedo afirmar (y afirmo) que hace tan sólo una semana no tenían pajolera idea de quién era esa señora.
También tenemos grandes nociones de Macroeconomía pues, mientras esperaba a que me tocase el turno en la caja de una gran superficie, las dos señoras de delante echaban pestes de Angelita Merkel puesto que, con el tema de su negativa a los leurobonos, nos ponía al borde del colapso y si no, mira el precio de esta lechuga que a ver dónde vamos a ir a parar…
¿Y lo que sabemos del sistema bancario estadounidense a cuenta de las hipotecas suspraim? Vamos a nuestro banco de toda la vida y somos capaces de descomponer la cartera de valores que nos ofrece el director de la sucursal de nuestro barrio hasta ponerlo al borde de las lágrimas cuando él lo que trata es de encasquetarte una vajilla o un televisor de pantalla plana…
Todos y todas somos, desde luego, politólogos y politólogas. Sabemos tanto, tantísimo de política que, en realidad, deberíamos ser 40 millones de diputados y senadores y 350 votantes.
Por descontado, de lo que sabemos hastar decir basta es de fútbol. Incluso yo sería capaz de enmendar la plana al seleccionador nacional de fútbol, aunque a mí me parece muy simpáitco nuestro seleccionador, Luis Aragonés… espera, ése ya no es… ¿no? Bueno, el que sea ahora… ¡yo lo haría mejor con los ojos cerrados! Bueno… yo y usted y usted y usted y…
Lo malo es que, si ya de por sí éramos auténticos expertos acerca-de-cualquier-tema-que-salga-en-la-conversación, ahora obtenemos al ritmo de la era digital, un máster en opinología de la universidad de Google y, hala… ¡a opinar y pontificar con un presunto conocimiento de causa aunque no tengamos pajolera idea! Mira… en la tele, por lo mismo, cobran un pastizal.







